Duskfade: Un Homenaje Nostálgico a los Juegos de PS2 en Unreal Engine 5

Duskfade es exactamente el tipo de juego que la industria dejó de hacer, y por eso mismo debería tener mucha más atención

El código para probar Duskfade fue proporcionado por JF Games, Desarrollado por Weird Beluga a través de Fireshine Games

Hay juegos que llegan rodeados de temporadas, pases de batalla y hojas de ruta de contenido para los próximos dos años. Y luego está Duskfade, que llega con algo mucho más simple: un mundo que explorar, un personaje al que ayudar y ganas de que lo termines de una sentada.

Weird Beluga es un estudio español que no ha intentado disimular en ningún momento de qué juegos se ha alimentado. Kingdom Hearts, Jak & Daxter y Ratchet & Clank están presentes en cada decisión de diseño, desde la estructura de los mundos hasta el ritmo con el que se combina exploración, plataformas y combate. Y lo curioso es que, después de varias horas con el juego, Duskfade no se siente como una copia de aquellos clásicos. Tiene algo propio, y es precisamente eso lo que hace que merezca mucha más atención de la que está recibiendo.

Una historia sobre el tiempo perdido

Duskfade nos sitúa en un mundo que acaba de sobrevivir a un apocalipsis temporal. Controlamos a Zirian, un joven aprendiz de relojero cuya vida cambia por completo cuando una misteriosa Torre del Reloj altera la realidad y deja a su hermana Allira atrapada en medio del desastre. Acompañado de Cuco, su fiel compañero mecánico, Zirian recorre distintos reinos mágicos con un único objetivo: encontrar a su hermana y entender qué salió mal. A simple vista, el planteamiento parece una aventura colorida y desenfadada, más cercana al cuento que al drama. Pero debajo de esa capa hay una historia bastante más emocional de lo que su estética sugiere. Duskfade no necesita convertir cada escena en una tragedia para transmitir lo que quiere contar: la relación entre Zirian y Allira funciona como motor de toda la aventura y le da al recorrido un objetivo más personal que el simple “derrota al jefe de turno”. Es una historia sencilla, sí, pero esa sencillez termina siendo parte de su encanto.

Un mundo pensado para perderse en él

La estructura gira alrededor de un pueblo central desde el que accedemos a los distintos reinos. Desde ahí avanzamos hacia escenarios cada vez más grandes, llenos de caminos secundarios, enemigos, coleccionables y zonas que invitan a desviarse del camino principal. Los cuatro mundos principales presentan ambientaciones muy diferentes entre sí, desde bosques y zonas acuáticas hasta desiertos y regiones suspendidas en las alturas. Y aquí Duskfade entiende algo que muchos juegos modernos parecen haber olvidado: explorar puede ser una recompensa en sí misma. No todo necesita estar atado a una misión secundaria o a un marcador en el mapa. A veces simplemente quieres ver qué hay detrás de esa montaña, o si puedes llegar hasta aquella plataforma que se ve a lo lejos. Duskfade provoca esa sensación con bastante frecuencia, y es probablemente su mayor virtud.

Plataformas, combate y un movimiento que se siente bien Zirian va ampliando progresivamente su repertorio de movimiento: salto, dash, gancho y planeo se van incorporando a medida que avanza la aventura, y cada nueva habilidad hace que recorrer los escenarios resulte más interesante. Aquí es donde más se nota la inspiración en los clásicos: el movimiento no existe solo para desplazarse de un punto A a un punto B, sino para descubrir nuevas rutas. Un lugar que antes parecía inaccesible se convierte en una zona nueva en cuanto conseguimos la habilidad adecuada, y de repente un escenario que ya creíamos conocido cambia por completo. El combate utiliza la espada de Zirian, conocida como Minutero, combinando ataques cuerpo a cuerpo con esquivas y habilidades especiales. Una de las ideas más interesantes es que esquivar en el momento justo abre pequeñas ventanas de contraataque, lo que genera momentos bastante satisfactorios cuando se dominan los tiempos. El sistema de combate elemental, además, recuerda bastante a Spyro: Dawn of the Dragon, tanto en el manejo de los poderes como en cierta ambientación mágica compartida entre ambos juegos.

Visualmente, Duskfade es uno de sus apartados más llamativos. El juego corre sobre Unreal Engine 5, un motor que la mayoría asocia automáticamente con realismo fotográfico e iluminación cinematográfica. Weird Beluga hace justo lo contrario: usa esa potencia técnica para levantar un mundo colorido, fantástico y con muchísima personalidad, más cercano en espíritu a la reciente trilogía de Spyro the Dragon que a cualquier shooter con pretensiones fotorrealistas. Las animaciones y reacciones del personaje se sienten fluidas y cuidadas, tanto en el combate como en la interfaz, algo que ayuda a que todo el conjunto se sienta más pulido de lo que su presupuesto probablemente permitía. Es una estética que demuestra que Unreal Engine 5 no está reservado para el fotorrealismo, y que un estudio pequeño puede usarlo para reforzar identidad en lugar de presumir potencia técnica.

Lo que no funciona tan bien

El combate es, sin duda, el punto más flojo de Duskfade. Puede volverse repetitivo pasadas unas horas, y la cámara no siempre acompaña durante los enfrentamientos más caóticos. Algunos tramos de backtracking también se sienten más largos de lo necesario, y ciertos momentos de exploración pueden generar algo de frustración cuando el mapa no comunica bien hacia dónde ir. Nada de esto arruina la experiencia, pero sí deja claro que el estudio invirtió su mejor trabajo en la exploración y el movimiento, no tanto en pulir cada sistema por igual.

Por qué Duskfade pasa desapercibido pero no deberia

Duskfade no tiene detrás una gran compañía, ni una campaña de marketing gigantesca, ni la ambición de convertirse en el próximo fenómeno multijugador. No inventa un género nuevo. Lo que hace es mucho más simple: recuperar una clase de videojuego que echamos de menos, uno en el que hay mundos que explorar, personajes que recordar y una aventura con principio y final. Y quizás sea precisamente esa sencillez la razón por la que ha pasado tan desapercibido entre lanzamientos con presupuestos varias veces mayores.

Veredicto

Duskfade no es un juego perfecto, y probablemente seguirá pasando desapercibido entre lanzamientos con presupuestos diez veces mayores. Pero es, precisamente por eso, el tipo de juego que la industria necesita más: uno hecho con ganas de que lo juegues, no de que te quedes suscrito a él. Un mundo vivo que da gusto explorar y que no puedes esperar para rejugar, o por el que ya estás deseando ver una secuela. Eso es Duskfade: un juego moderno pero con el corazón en el pasado. Ojalá haya más como él.

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